sábado, 28 de mayo de 2011

Nuestro cielo

Era una de esas tardes en las que el viento sopla suavemente, pero no se siente el frío. Ambos sentados en el borde de un abismo al que no podían caer, pero los dos lo deseaban. Sus corazones palpitando frenéticamente al saberse cercanos.

Ella se pregunta: ¿Cómo pude dejarlo ir? mientras observa las nubes danzando en el cielo, aquel cielo naranja que siempre será de ellos; luego dice en un susurro: -Qué hermosa vista..

Él la mira, inclina su rostro hacia un lado y dice: -sí, es una hermosa vista.
Ella se siente observada y se ruboriza a la vez que contesta: -Me refería al atardecer
Él suelta una risita y confirma sus sospechas: -Yo me refería a ti.
Suelta un suspiro y regresa su mirada al cielo: -Esta es mi vida, ¿no te parece aburrida?
-No -dice ella imaginando su vida junto a él, viviendo en esa acogedora casita con las ventanas abiertas de par en par, con las cortinas ondeando suavemente por la brisa, con la vista más bella de la ciudad, con tanto cielo para ellos, y con el ser más maravilloso de este mundo.. su amado.
Imaginó las tardes tranquilas colmadas de silencios, las noches de plática y las madrugadas agitadas, imaginó el resto de sus días transcurriendo entre esos muros sin pintura y ese suelo sin baldosa, pensó que irónicamente los prefería por sobre la casa de sus padres. Salió de su ensueño y miró directamente a los labios de él, pidiendo un beso sin palabras.
Él sintió la mirada quemarle los labios, su corazón le reprochó por no besarla, pero sabía que los vigilaban y no podía arriesgar la vida de la dueña de su corazón, así que con mucho esfuerzo siguió mirando la danza de las nubes y esperando un día que jamas llegaría. Sonrió y dijo: -Ya es hora...

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