lunes, 20 de agosto de 2012

En la puerta hacia el infierno.

Hace algo más que un año descubrí este mundo, leí un libro acerca de una princesa de esas que muere y se inmortaliza como un fracaso, justo antes de alcanzar la perfección.

En ese tiempo no estaba tan mal, era una vaca pero una vaca que no era tan molesta a la vista. Luego de descubrir a Ana y a Mía (sólo en teoría), y darme cuenta de que mi amor por la comida no me permitiría venerar a Ana, intenté invocar a Mía, pero simplemente no pude, mi amor propio sacó los dedos de mi garganta y detuvo las trancadas antes de que algo de mi gordura escapara por mi boca. Me dije a mi misma que podía entrar a un gimnasio y así lo hice, obviamente no duré mucho, principalmente porque mi hermanito me dejó abandonada de nuevo y la soledad es lo que más me desmotiva.

Poco a poco pasó el tiempo dejando su huella en mi cuerpo, una huella en forma de grasa y fealdad, cuya esencia fue la inseguridad.

A inicios de Julio de este año mi hermanito y yo decidimos iniciar un cambio en el estilo de vida, él dejando por completo los dulces y carbohidratos y yo, convertida ya no en una vaca sino en una ballena, con 12 kilos de sobrepeso, miedo de salir en alguna foto y mi amor propio totalmente destruído, contando calorías. Ah, calorías, esas pícaras enemigas de toda princesa que nos seducen con la destrucción de la que son portadoras.

Ése fue el primer error, contar calorías, decidí acelerar el proceso comiendo menos de 1000 calorías diarias, tenía atracones pero llegué a perder 3 kilos en un mes, toqué el cielo y me asusté. Recuerdo que por esos días mi hermanito me llevó a comer para celebrar que estabamos bajando de peso (Sí, no tiene sentido pero entre nosotros es casi un ritual salir por comida deliciosa cada que podemos) y me dijo que lo de contar calorías le preocupaba, pero que se tranquilizaba sabiendo que yo era muy inteligente y no me iba a volver anoréxica o algo por el estilo... lo que comimos terminó en la taza del sanitario. Dejé por completo mi conteo de calorías pero cada vez que comía mucho.. mi estómago se quejaba, ya no estaba acostumbrada a comer tanto y por ello si comía en cantidades muy grandes, me dolía el estómago, me costaba respirar y Mía venía sin necesidad de ser invocada. Nunca dejé que se quedara mucho, perdía el sentido en el momento en que ella me poseía, pero lo recobraba justo después de los primeros atracones y paraba eso, cepillaba mis dientes, lavaba mis manos y tomaba un poco de agua.

Un día, luego de comer una deliciosa torta de chocolate y un helado del mismo sabor, la llamé, vomité todo lo que pude y luego me eché a llorar junto al sanitario. Fue la primera vez que comprendí lo que decían las princesas en sus blogs sobre los sonidos característicos de las trancadas, como antes eran máximo 5 trancadas, no producía mayor sonido, pero esta vez fueron muchas más, esta vez mi garganta llegó a producir el sonido del vómito y temí que alguien me hubiese escuchado, pero afortunadamente nadie lo notó.

Continué con mi vida de una forma normal al volver a clases, atascándome con cuanta harina se me aparecía, el pan era uno de los pecados que más cometía y me consolaba a mí misma pensando que entraría al gimnasio hasta que un día mi mamá me dijo que estaba muy gorda, que dejara de comer en el colegio... ¡Que dejara de comer! Ella no tenía ni tiene derecho alguno a recriminarme sobr emi peso, es una ballena total y parece que le va a estallar el estómago... a mí al menos me queda mi propia ropa...

He decidido entrar al gimnasio y volver a contar calorías. Preferiblemente no comeré a menos que tenga demasiada hambre. Voy a hacerle caso totalmente a mi mamá por una vez en mi vida para que se arrepienta del poco tacto que tiene al decir las cosas y de la constante presión a la que me tuvo sometida en mi infancia... Además, nadie quiere que coma, mi hermanito acaba de llegar de comer con su novia y no me trajeron nada.. vinieron como casi siempre a decirme lo que habían comido y cuán delicioso estaba, me dijeron dónde comieron como si yo pudiese salir.. Vienen las pruebas ICFES, el examen de admiión a la universidad y mi graduación de bachillerato, él no me deja salir por estudiar todo el tiempo y ya no tengo vida social aparte de 3 o 4 personas con las que hablo en el colegio por estar estudiando y de por sí siempre he sido poco social... las personas con quienes salgo son mi hermanito, su novia y mis papás... son mi único círculo pero yo no lo soy para ellos ¿entienden mi soledad?... Pero bueno, ya que entraré al gimnasio con él tal vez quiera pasar un poco más de tiempo conmigo y si ni él quiere que coma, pues no lo haré. He visto la puerta hacia el infierno y tengo la llave, me han dado razones para abrirla.