martes, 11 de junio de 2013

El anillo de Arcoíris

Albus era un hombre de avanzada edad, que a pesar de los años no había dejado atrás las ganas de viajar, tener aventuras, descubrir nuevos escenarios, conocer personas fascinantes y vivir lo que le quedaba de vida para no morir con arrepentimientos.
Esa mañana Albus vio un arcoíris a medio formar por la ventana, y se decidió a escalar una montaña lejana que parecía estar justo detrás de ese arcoíris, y que nunca había escalado por temor a que representara un esfuerzo mucho mayor al que su cuerpo le permitiera, con el único fin de disfrutar de la vista desde la cima, así que empacó lo necesario y salió de su casa con paso lento pero seguro.
Las gotas de lluvia caían sobre el césped haciendo que el ambiente se tornara fresco y lleno de vida. El sol brillaba a través de las nubes y aún se podía divisar el arcoíris a medio formar en el horizonte. Albus miraba el paisaje deleitándose con cada una de las flores que veía, con cada sonido que hacían las aves a su alrededor y con cada átomo de oxígeno que entraba a sus pulmones con la respiración.
A un lado del camino, justo antes de que la vegetación se tornara más densa, se encontraba un niño pequeño vestido con muchos colores y jugando con algo brillante entre sus manitos. El niño llamó la atención del anciano porque no se comportaba como un niño cualquiera, estaba sentado observándolo con apariencia calmada y serena, como si le hubiese estado esperando.
-¿Necesitas ayuda? – Dijo Albus con inquietud.
-Tome- Dijo el niño a la vez que le entregaba el objeto brillante con el que jugaba segundos atrás.
-¿Qué es esto? –El anciano recibió el objeto y notó que era un tipo de anillo con muchas decoraciones de todos los colores del arcoíris, pero por su peso se notaba que era un anillo muy valioso, quizá hecho de oro.
Albus miró al niño esperando una respuesta, pero éste no respondió. Se limitó a dedicarle una sonrisa cargada de esperanza y desapareció ante sus ojos dejando gotitas de agua que reflejaron un arcoíris por algunos segundos como si el viento se lo llevara.
El viejo parpadeó un par de veces como si no creyera lo que sus ojos le decían, alargó la mano hacia el lugar donde había estado el niño para percatarse de que no lo engañaba su vista y soltó un suspiro al no comprender la situación. La lluvia cesó de repente y el silencio reinó. El pánico se apoderó del anciano haciendo que lanzara el anillo contra el piso con la intención de dejarlo allí y seguir con su camino, pero un sonido lo detuvo. Se paró en seco y se giró para buscar la fuente del sonido y se percató de que el anillo estaba moviéndose de un lado a otro como temblando.
Albus se acercó y recogió el anillo, que dejó de temblar al contacto de su mano. Lo miró con la curiosidad reflejada en sus ojos grises y leyó en voz alta una inscripción en el interior del anillo que rezaba “Magia al corazón de la montaña”, al terminar de pronunciar las palabras un viento cálido lo rodeó y lo elevó del suelo, todo se movía a su alrededor a gran velocidad, tanto que no podía distinguir nada aparte de muchos colores. Cerró los ojos temiendo por su vida hasta que sintió de nuevo el suelo bajo sus pies. Abrió los ojos poco a poco, mirando con precaución a su alrededor y cuidándose de no hacer movimientos innecesarios. Se enderezó y abrió los ojos como platos al reconocer su entorno, estaba en la cima de la montaña que quería escalar.
El arcoíris que hace rato apenas se formaba estaba a unos pocos metros, completo, colorido y vistoso. Las aves cantaban alegres a su alrededor y había cientos de flores a su alrededor esparcidas de acuerdo a su color y formaban un anillo con los colores del arcoíris.
Albus estaba parado justo en el centro del anillo de flores y giraba sobre sí mismo para observar mejor su alrededor.
Cuando por fin se relajó un poco observó de nuevo el anillo y notó que la inscripción de su interior había cambiado, ahora decía “Porque querías ver de cerca mi arcoíris”.

Albus no comprendía lo que estaba pasando, pero al leer esas palabras se llenó de felicidad, se sentía pleno y a gusto con el universo. Se puso el anillo comprendiendo lo que eso significaría y cerró sus ojos para despertar con una gran sonrisa en su rostro arrugado.

lunes, 20 de agosto de 2012

En la puerta hacia el infierno.

Hace algo más que un año descubrí este mundo, leí un libro acerca de una princesa de esas que muere y se inmortaliza como un fracaso, justo antes de alcanzar la perfección.

En ese tiempo no estaba tan mal, era una vaca pero una vaca que no era tan molesta a la vista. Luego de descubrir a Ana y a Mía (sólo en teoría), y darme cuenta de que mi amor por la comida no me permitiría venerar a Ana, intenté invocar a Mía, pero simplemente no pude, mi amor propio sacó los dedos de mi garganta y detuvo las trancadas antes de que algo de mi gordura escapara por mi boca. Me dije a mi misma que podía entrar a un gimnasio y así lo hice, obviamente no duré mucho, principalmente porque mi hermanito me dejó abandonada de nuevo y la soledad es lo que más me desmotiva.

Poco a poco pasó el tiempo dejando su huella en mi cuerpo, una huella en forma de grasa y fealdad, cuya esencia fue la inseguridad.

A inicios de Julio de este año mi hermanito y yo decidimos iniciar un cambio en el estilo de vida, él dejando por completo los dulces y carbohidratos y yo, convertida ya no en una vaca sino en una ballena, con 12 kilos de sobrepeso, miedo de salir en alguna foto y mi amor propio totalmente destruído, contando calorías. Ah, calorías, esas pícaras enemigas de toda princesa que nos seducen con la destrucción de la que son portadoras.

Ése fue el primer error, contar calorías, decidí acelerar el proceso comiendo menos de 1000 calorías diarias, tenía atracones pero llegué a perder 3 kilos en un mes, toqué el cielo y me asusté. Recuerdo que por esos días mi hermanito me llevó a comer para celebrar que estabamos bajando de peso (Sí, no tiene sentido pero entre nosotros es casi un ritual salir por comida deliciosa cada que podemos) y me dijo que lo de contar calorías le preocupaba, pero que se tranquilizaba sabiendo que yo era muy inteligente y no me iba a volver anoréxica o algo por el estilo... lo que comimos terminó en la taza del sanitario. Dejé por completo mi conteo de calorías pero cada vez que comía mucho.. mi estómago se quejaba, ya no estaba acostumbrada a comer tanto y por ello si comía en cantidades muy grandes, me dolía el estómago, me costaba respirar y Mía venía sin necesidad de ser invocada. Nunca dejé que se quedara mucho, perdía el sentido en el momento en que ella me poseía, pero lo recobraba justo después de los primeros atracones y paraba eso, cepillaba mis dientes, lavaba mis manos y tomaba un poco de agua.

Un día, luego de comer una deliciosa torta de chocolate y un helado del mismo sabor, la llamé, vomité todo lo que pude y luego me eché a llorar junto al sanitario. Fue la primera vez que comprendí lo que decían las princesas en sus blogs sobre los sonidos característicos de las trancadas, como antes eran máximo 5 trancadas, no producía mayor sonido, pero esta vez fueron muchas más, esta vez mi garganta llegó a producir el sonido del vómito y temí que alguien me hubiese escuchado, pero afortunadamente nadie lo notó.

Continué con mi vida de una forma normal al volver a clases, atascándome con cuanta harina se me aparecía, el pan era uno de los pecados que más cometía y me consolaba a mí misma pensando que entraría al gimnasio hasta que un día mi mamá me dijo que estaba muy gorda, que dejara de comer en el colegio... ¡Que dejara de comer! Ella no tenía ni tiene derecho alguno a recriminarme sobr emi peso, es una ballena total y parece que le va a estallar el estómago... a mí al menos me queda mi propia ropa...

He decidido entrar al gimnasio y volver a contar calorías. Preferiblemente no comeré a menos que tenga demasiada hambre. Voy a hacerle caso totalmente a mi mamá por una vez en mi vida para que se arrepienta del poco tacto que tiene al decir las cosas y de la constante presión a la que me tuvo sometida en mi infancia... Además, nadie quiere que coma, mi hermanito acaba de llegar de comer con su novia y no me trajeron nada.. vinieron como casi siempre a decirme lo que habían comido y cuán delicioso estaba, me dijeron dónde comieron como si yo pudiese salir.. Vienen las pruebas ICFES, el examen de admiión a la universidad y mi graduación de bachillerato, él no me deja salir por estudiar todo el tiempo y ya no tengo vida social aparte de 3 o 4 personas con las que hablo en el colegio por estar estudiando y de por sí siempre he sido poco social... las personas con quienes salgo son mi hermanito, su novia y mis papás... son mi único círculo pero yo no lo soy para ellos ¿entienden mi soledad?... Pero bueno, ya que entraré al gimnasio con él tal vez quiera pasar un poco más de tiempo conmigo y si ni él quiere que coma, pues no lo haré. He visto la puerta hacia el infierno y tengo la llave, me han dado razones para abrirla.

lunes, 16 de julio de 2012

Viejo conocido

Ahora que ya nada tiene sentido entre tú y yo, ahora que somos sólo conocidos con recuerdos felices, pero que no significan algo para el preseste.. ahora que dejé de llorarte dices que lo sientes. ¿Qué sientes? ¿Lamentas haberte comportado como el idiota que demostraste ser desde el principio? ¿Te sientes mal al notar cuánto se me dificulta mirarte a los ojos? ¿Ya te molesta lo incómodo que se torna el ambiente cuando nos encontramos?... A veces me pregunto si tú sientes algo. A veces dudo que en algún momento tu corazón haya latido por mí, que se haya sobresaltado al escuchar mi voz o sentir mis labios.. ¿Sabes qué? Soy yo la que lo siente. Siento no haber notado a tiempo que este camino tendría un final muerto. Siento no hacer nada por cambiar esto en lo que nos hemos convertido. Siento que ya no te quiera. Siento que aún desee tu cuerpo. Siento que ahora pienso en alguien más. Pero nunca me reprocharé por mi actitud actual, eres un idiota y yo no te soportaré más. Buena suerte antiguo amigo y por ahora... viejo conocido.

Fue como esperar la muerte.

Heme aquí, escondiendo las lágrimas tras unas gafas prestadas, esperando que un milagro ocurra y nadie lo note, mirándole de reojo para vigilar sus movimientos.. amándole de reojo para vigilar mi corazón..
Siempre supe que este momento llegaría, desde que todo empezó, pude predecir mi enamoramiento y tu corazón traicionandome, tus manos rechazándome, tus labios rehusándose a unirse con los míos y darme el álito de vida que me falta ahora. Fue como esperar la muerte. Mi mente gritando que parase, rogandome que dejara de ignorar la realidad escrita frente a mi, pero mi corazón masoquista dandome ánimo, susurrando que tal vez, solo tal vez, podría ser feliz junto a este ser, sugiriendo que me ahogara en los recuerdos apilados año tras año en el baúl de memorias que lleva su nombre, y es que, ¿cómo arrojar al olvido aquel primer beso? ¿cómo borrar de mis memorias todas las horas de plática sin sentido que unía nuestros corazones? ¿cómo alejarme de tu alma, que algún tiempo atrás perseguía la mía?

jueves, 25 de agosto de 2011

Un "te quiero" ya no me alcanza

Son tantos los sentimientos que me embargan, tantos pensamientos invadiendo mi mente y cada uno gritandome con un tono de voz diferente. ¿A cuál debería escuchar? ¿Qué debería sentir? Más importante... ¿quiero hacer lo que "debería"?
Definitivamente no.

Se que me resultas encantador, se que hay cosas de ti que no te gustan demasiado, y eso es lo que más ternura me brinda. Siempre estoy en contacto contigo, pero no te veo mucho; supongo que por eso espero con tantas ansias el momento de verte. Si hablo contigo siento que mi alma quiere sonreír. Es extraño pero me aliviana mucho, me pones de buen humor... creo que soy feliz.

Y ahora que se tanto sobre tí resulta angustiante seguir en mi situación... quiero sentirte más cerca... quiero poder abrazarte cuando lo necesite... quiero poder llorar mientras me sostienes entre tus brazos.
Pero no quiero hablar al respecto, no quiero tener que dar explicaciones ni contarte vergonzosas historias de cómo me quedaba mirando una pantalla con la sonrisa más grande dibujada en mi rostro, sólo releyendo una y otra vez alguno de tus comentarios, aquellos comentarios que siempre logran hacerme suspirar... algunos me han hecho llorar de felicidad y sólo uno de tristeza, fue cuando me diste la noticia de que no volverías...


Me estás consolando, me dices que prometiste siempre estar allí para mi, me dices que si estuvieras a mi lado me estarías animando, que me darías un abrazo.. ¿qué pasaría si supieras que me haces tan feliz cone sas palabras que sólo puedo llorar más, y a la vez tan triste que ya no puedo contenerme?

...Creo que ser sólo tu mejor amiga no me va a bastar, y eres tan amable.. que simplemente quiero abrazarte tan fuerte que ya no pueda más y sentirte cerca de mí.. me dices que me quieres, pero lo dices como amigos.. me pregunto qué será de nuestra relación cuando consigas una novia?... solo pensarlo hace que mi pecho se sienta realmente oprimido, porque un "te quiero" ya no me alcanza.

jueves, 23 de junio de 2011

Quiero ser Luna

Quisiera que algún día despertaras extrañando mis labios y vinieras a buscarlos, sabes perfectamente que nunca te rechazarían. Quisiera poder tocarte y abrazarte, esa sería mi felicidad. ¿Más de un año ha pasado y dices que aún te pongo nervioso? Más de un año ha pasado y aún suspiro por ti.
Quiero ser Luna, porque sé que te acompaña en tus noches más solitarias y con serenidad, tiene el privilegio de verde dormir, de iluminar tu noche y ser observada por ti. Quiero ser Luna para dormir sabiéndote cerca. Quiero ser Luna para que descifres de mis ojos lo que mis labios tienen prohibido pronunciar. Quiero ser Luna para cuidar de ti en lo oculto de la noche. Quiero ser Luna para presenciar la naturalidad del ritual en el que tu cuerpo se entrega ciegamente a los brazos de Morfeo. Quiero ser Luna para posar mis labios sobre los tuyos imaginando que tu lo anhelas también. Quiero ser Luna para amarte sin hacértelo saber.

Fragmentos de felicidad

Tengo celos, me duele algo en medio del pecho cada vez que le dedicas las canciones que algún día pensé en dedicarte yo misma y cada vez que me doy cuenta de cuan cercanos son sus corazones ahora. Cada vez que me doy cuenta de qué tanto nos hemos alejado. Ese algo que duele es la esperanza que aún guardo de algún día estar a tu lado, duele saber que eres feliz junto a ella, ¿Acaso es esto egoísmo? No me agrada la idea de verte feliz caminando tomado de su mano, pero es reconfortante verte sonreír, no importa si debo resquebrajar un poco esta esperanza, si es el precio de tu sonrisa lo pagaré mil veces y más. Sufriré en callada agonía, rompiendo la ilusión como si de un cristal se tratara, haciendo que sus puntiagudos fragmentos caigan dentro de mi ser desgarrando todo a su paso, provocando lágrimas incesantes y sollozos ahogados. Pero extrañamente compruebo cada día que este cristal es demasiado grande, mucho más de lo que yo misma imaginé, así que por más que los filosos fragmentos caigan, siempre tendré más cristal de donde fragmentar tu felicidad.