Albus era un
hombre de avanzada edad, que a pesar de los años no había dejado atrás las
ganas de viajar, tener aventuras, descubrir nuevos escenarios, conocer personas
fascinantes y vivir lo que le quedaba de vida para no morir con
arrepentimientos.
Esa mañana
Albus vio un arcoíris a medio formar por la ventana, y se decidió a escalar una
montaña lejana que parecía estar justo detrás de ese arcoíris, y que nunca
había escalado por temor a que representara un esfuerzo mucho mayor al que su
cuerpo le permitiera, con el único fin de disfrutar de la vista desde la cima,
así que empacó lo necesario y salió de su casa con paso lento pero seguro.
Las gotas de
lluvia caían sobre el césped haciendo que el ambiente se tornara fresco y lleno
de vida. El sol brillaba a través de las nubes y aún se podía divisar el
arcoíris a medio formar en el horizonte. Albus miraba el paisaje deleitándose
con cada una de las flores que veía, con cada sonido que hacían las aves a su
alrededor y con cada átomo de oxígeno que entraba a sus pulmones con la
respiración.
A un lado del
camino, justo antes de que la vegetación se tornara más densa, se encontraba un
niño pequeño vestido con muchos colores y jugando con algo brillante entre sus
manitos. El niño llamó la atención del anciano porque no se comportaba como un
niño cualquiera, estaba sentado observándolo con apariencia calmada y serena,
como si le hubiese estado esperando.
-¿Necesitas
ayuda? – Dijo Albus con inquietud.
-Tome- Dijo
el niño a la vez que le entregaba el objeto brillante con el que jugaba
segundos atrás.
-¿Qué es
esto? –El anciano recibió el objeto y notó que era un tipo de anillo con muchas
decoraciones de todos los colores del arcoíris, pero por su peso se notaba que
era un anillo muy valioso, quizá hecho de oro.
Albus miró al
niño esperando una respuesta, pero éste no respondió. Se limitó a dedicarle una
sonrisa cargada de esperanza y desapareció ante sus ojos dejando gotitas de
agua que reflejaron un arcoíris por algunos segundos como si el viento se lo
llevara.
El viejo
parpadeó un par de veces como si no creyera lo que sus ojos le decían, alargó
la mano hacia el lugar donde había estado el niño para percatarse de que no lo
engañaba su vista y soltó un suspiro al no comprender la situación. La lluvia
cesó de repente y el silencio reinó. El pánico se apoderó del anciano haciendo
que lanzara el anillo contra el piso con la intención de dejarlo allí y seguir
con su camino, pero un sonido lo detuvo. Se paró en seco y se giró para buscar
la fuente del sonido y se percató de que el anillo estaba moviéndose de un lado
a otro como temblando.
Albus se
acercó y recogió el anillo, que dejó de temblar al contacto de su mano. Lo miró
con la curiosidad reflejada en sus ojos grises y leyó en voz alta una
inscripción en el interior del anillo que rezaba “Magia al corazón de la
montaña”, al terminar de pronunciar las palabras un viento cálido lo rodeó y lo
elevó del suelo, todo se movía a su alrededor a gran velocidad, tanto que no
podía distinguir nada aparte de muchos colores. Cerró los ojos temiendo por su
vida hasta que sintió de nuevo el suelo bajo sus pies. Abrió los ojos poco a
poco, mirando con precaución a su alrededor y cuidándose de no hacer
movimientos innecesarios. Se enderezó y abrió los ojos como platos al reconocer
su entorno, estaba en la cima de la montaña que quería escalar.
El arcoíris
que hace rato apenas se formaba estaba a unos pocos metros, completo, colorido
y vistoso. Las aves cantaban alegres a su alrededor y había cientos de flores a
su alrededor esparcidas de acuerdo a su color y formaban un anillo con los
colores del arcoíris.
Albus estaba
parado justo en el centro del anillo de flores y giraba sobre sí mismo para
observar mejor su alrededor.
Cuando por
fin se relajó un poco observó de nuevo el anillo y notó que la inscripción de
su interior había cambiado, ahora decía “Porque querías ver de cerca mi
arcoíris”.
Albus no
comprendía lo que estaba pasando, pero al leer esas palabras se llenó de
felicidad, se sentía pleno y a gusto con el universo. Se puso el anillo
comprendiendo lo que eso significaría y cerró sus ojos para despertar con una
gran sonrisa en su rostro arrugado.